Las células utilizan nanomáquinas moleculares, como enzimas y proteínas motoras, para realizar trabajo y controlar activamente la organización de la materia en su interior. En este contexto, los microtúbulos -estructuras filamentosas, formadas por proteínas de tubulina, que son parte del citoesqueleto celular- funcionan como vías para el transporte y la organización de componentes dentro de las células. Sobre los microtúbulos se desplazan proteínas motoras, como las cinesinas y las dineínas, que transportan moléculas en distintas direcciones: las cinesinas, del centro de la célula hacia la membrana, y las dineínas, en sentido contrario. Para desplazarse, estas proteínas utilizan la energía química del ATP.
Estos procesos dependientes de la energía del ATP se conocen como ensamblaje activo, y permiten la generación de estructuras y de transformaciones complejas que difícilmente podrían producirse mediante el autoensamblaje convencional. Comprender y reproducir el ensamblaje activo representa un reto importante para las nanociencias, ya que permitirá fabricar materiales con un alto nivel de organización y con respuestas dinámicas.
Un equipo de investigadores de Japón desarrolló una estrategia para fabricar materiales utilizando una de estas nanomáquinas biomoleculares. Unieron cadenas de ADN a microtúbulos y aumentaron la longitud de las cadenas mediante la enzima ADN polimerasa -la enzima encargada de replicar el material genético. Después, colocaron los microtúbulos en una cámara en cuya superficie se encontraban cinesinas ancladas.
Observaron, mediante microscopía de fluorescencia, que al agregar una solución que contenía ATP se generaba movimiento de los microtúbulos, provocando que las cadenas de ADN enlazadas a ellos se estiraran y entretejieran hasta formar una red bidimensional en pocos minutos. Finalmente, determinaron que la concentración de microtúbulos y el tiempo de síntesis del ADN modificaban la conectividad y complejidad de la red bidimensional.
El sistema ADN–microtúbulos ofrece un modelo para estudiar cómo las fuerzas generadas por motores moleculares pueden controlar la formación, conectividad y organización de redes. Además, una secuencia de ADN puede diseñarse para programar las interacciones y la conectividad de la red. El trabajo propone una estrategia para fabricar biomateriales mediante nanomáquinas moleculares activas que permitirá desarrollar materiales bioinspirados con propiedades adaptativas y potencialmente de auto-regeneración.
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